LOS CAMINOS DE LA CONVIVENCIA CÍVICA - ARTÍCULO DE OPINIÓN
El presente artículo recoge la opinión de una alumna del centro sobre este tema de actualidad.
Los caminos de la convivencia cívica
Hay muchas personas a nuestro alrededor que sufren pobreza y hambre. Ese es verdaderamente nuestro peor enemigo. La pobreza es una de las razones básicas por la cual mucha gente, enferma física y mentalmente, y la razón por la que llegan a prostituirse. La pobreza no solo afecta al cuerpo, sino que debilita también la mente y lleva a las personas al oscuro caos de la depresión, angustia, ansiedad, desesperación, etc. y pierden su capacidad para discernir.
Hay dos tipos de pobreza: la causada por falta de comida, ropa y hogar; y la causada por falta de amor y compasión, que lleva al sufrimiento extremo.
Actualmente el Ayuntamiento apunta a aprobar la Ordenanza Municipal de Convivencia Cívica cuyo objetivo sancionador y coercitivo ayude a resolver los problemas de la marginalidad y vulnerabilidad del colectivo que está padeciendo esta situación discriminatoria en esta ciudad.
Hasta ahora, las políticas económicas y sociales no están dando los resultados esperados y habrá que preguntarnos qué es lo que está ocurriendo realmente para que estemos fracasando como "sociedad del bienestar", cuando no todos tienen ni las mismas oportunidades en la vida, ni la misma seguridad e igualdad de la que gozan otros.
Son continúas las reuniones en las que todos hablan, nadie escucha y todos discrepan intentando dar solución a algunos problemas relacionados con la pobreza.
En primer lugar, el aprovechamiento de los recursos no siempre llega o estos son escasos e insuficientes para atajarla; y segundo, los Planes de Inclusión Social para este colectivo no están dando los resultados pretendidos por las causas que todos sabemos y no voy a mencionar, y que en vez de "inclusión", alejan a las personas "excluyéndolas" y sin protección, de tal manera que se llega a la indiferencia que los condena al olvido.
Combatir la desigualdad está en nuestras manos, no podemos dejarlos atrás, y menos ahora que estamos en momentos de crisis personales y económicas. Hemos de caminar juntos para no llevarlos al suicidio colectivo.
El imponer sanciones por ocupar determinados espacios que les pertenecen, no aportaría solución alguna, ¿si no tienen para vivir dignamente van a pagar multas por pedir en la calle?
Sería mejor pensar y llevar a cabo un modelo de cómo gestionar a estas personas, algo que beneficie a las partes y que sea lógico y sostenible para ambos.
Las instalaciones existentes en la ciudad serían todas aprovechables, reutilizables y se reciclaría al máximo el uso y sostén de los recursos que hay presupuestados en la actualidad con transparencia, control, y seguimiento del objetivo que se persigue, la ayuda y bienestar del colectivo.
Hay que pensar en cómo abordar la situación. Dejarlos dónde están no es la solución. Hay que reconocer que muchos de ellos tampoco se dejan ayudar, y ante esto, habrá que actuar de forma que no se menoscabe su dignidad pero que no hagan mal uso de su libre albedrío y perjudiquen a otros.
Habría que establecer pactos y compromisos por las partes, como por ejemplo: te doy de comer y dónde descansar a cambio de 2 horas de servicio a la comunidad o a tu colectivo.
Que los servicios que utilicen sean autogestionados por ellos, de manera interna sobre limpieza, orden y disciplina en el comportamiento, siempre sometidos a la supervisión del compromiso entre las partes, por los técnicos competentes. Darles opción para un desarrollo personal con talleres diferentes, deporte, estudio, música y danza entre otras muchas posibilidades. Mantenerlos ociosos no es aconsejable nunca, de forma que éstas u otras actividades, poco a poco, los vayan empoderando y haciendo visible su capacidad, talento, creatividad y desarrollando iniciativas, de tal manera que ellos eleven su baja autoestima.
Los tiempos cambian, las personas también, y las instituciones se ven obligadas al cambio, igualmente los métodos de enseñanza se establecen de otra manera, por ello, las medidas coercitivas a este colectivo sería un revulsivo y un paso atrás en la inclusión que se quiere llevar a cabo, siendo por ello, por lo que considero debe dejarse sin efecto la Ordenanza Municipal de Convivencia Cívica, y comencemos a pensar y trabajar implicándolos en modelos nuevos de gestión con alternativas viables, sin dañar la dignidad y los derechos de los más necesitados.
Por último, es conveniente y necesario que crezcamos y nos desarrollemos como una familia unida en el amor, y que podamos celebrar los sentimientos de igualdad por un camino donde reine la paz y la unidad en esta capital, y la llenemos de luz y alegría como merece Alicante y sus ciudadanos.
Espero junto a otras organizaciones y el colectivo vulnerable que nos ocupa, poder establecer un diálogo sincero, desde el corazón, con la única finalidad de que todos tengan su lugar y podamos tranquilamente respirar en armonía el aire sanador que nos da la naturaleza gratuitamente creciendo todos juntos.
Que el Ayuntamiento de Alicante sea pionero y ejemplo de llevar a cabo nuevas iniciativas y proyectos tratando de mejorar las condiciones circunstanciales, transformando las medidas punitivas en espacios abiertos a la unidad y al bienestar de todos, a cuyos proyectos se unirían ciudadanos y ciudadanas voluntariamente para iniciarlos dando ejemplo de su buen hacer.
MARÍA LUCÍA PINA ZORNOZA
LOS CAMINOS DE LA CONVIVENCIA CÍVICA - Artículo de opinión en PDF de Mª Lucía Pina
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